Estructura del Ciclo Natalicio

“Después de la anual evocación del Misterio Pascual, la Iglesia no tiene nada más santo que la celebración del Nacimiento del Señor y de sus principales manifestaciones”[1] 

 

Durante aproximadamente un mes y medio (desde finales de noviembre, en algunas ocasiones, hasta principios de enero), la liturgia de la Iglesia nos invita a volver la mirada a un aspecto esencial del único Misterio Pascual de Cristo: su Encarnación. Así, al celebrar el Adviento y la Navidad contemplamos el comienzo de nuestra salvación y se nos comunican las primicias del Misterio Pascual del Señor[2].

 

La Solemnidad del nacimiento del Señor, el 25 de diciembre, ocupa todo el centro del ciclo natalicio. Así, la Navidad inicia con las primeras vísperas de ese día y se prolonga hasta la fiesta del bautismo del Señor. Consta de dos periodos: el primero es la infraoctava de Navidad (desde el 25 de diciembre hasta el primero de enero) y, la segunda, desde el 02 de enero hasta la fiesta del Bautismo del Señor (entre el 7 y 13 de enero).

 

Los días de la infraoctava de Navidad son muy festivos, contienen dos solemnidades: la Natividad del Señor y Santa María, Madre de Dios (01 de enero); la fiesta de la sagrada familia (domingo dentro de la infraoctava ó 30 de diciembre si la Natividad del Señor se celebró en domingo); y tres fiestas más de los santos: Esteban, Juan Evangelista y los santos inocentes. Por su parte, el tiempo que va desde el día 02 de enero hasta el Bautismo del Señor, conserva el ambiente festivo, aunque con mayor sobriedad. En este periodo se sitúa la Solemnidad de la Epifanía y los días antes y después de ella, concluyendo con la fiesta del Bautismo.

 

En la liturgia romana, la celebración de la Navidad está precedida por el Adviento, el cual es un tiempo de preparación para la venida del Señor, tanto su venida histórica la noche de Navidad como su venida escatológica al final de los tiempos.

 

“El Adviento inicia con la oración de la tarde, la víspera del domingo que cae el 30 de noviembre o el domingo más próximo, y termina antes de la oración de la tarde, la víspera de la Natividad del Señor”[3]. Consta de cuatro domingos con sus respectivas semanas (a veces incompletas) y tiene dos matices o partes particularmente distintas. La primera parte del tiempo de Adviento, que va desde las primeras vísperas del primer domingo hasta el 16 de diciembre, continua con el tinte de las últimas semanas del tiempo ordinario y la Solemnidad de Cristo Rey; celebra especialmente la última venida del Señor y nos invita a renovar nuestra esperanza y estar preparados para su retorno “en Gloria y majestad” (Cfr. Mc. 14, 62).

 

La segunda parte, que va desde el 17 de diciembre hasta antes de las primeras vísperas de Navidad (oración de la tarde del 24 de diciembre), se centra en una preparación más intensa para la venida del Señor el día de Navidad, sin olvidar el matiz escatológico. Las lecturas de la Misa y el ambiente festivo de estos días hacen de esta parte del Adviento una especie de “Semana Santa” de Navidad.



[1] Normas Universales para el año litúrgico y el calendario (NUALC), Edición Típica, 1969, n. 32

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1171)

[3] NUALC, n. 39